domingo, 15 de julio de 2012

La deforestación de Gazcue: 2000 - 2011

Los nuevos recursos cartográficos que Google y otras plataformas ponen a disposición del internauta permiten hacer nuevos análisis de la realidad local que hasta ahora estaban reservados a especialistas.

Preocupado por la presión inmobiliaria sobre el barrio de Gazcue en Santo Domingo, recurrí a la ayuda de Google Earth para identificar las zonas arboladas destruidas en la década. Con esa información y alguna otra añadida a partir de mis paseos por el barrio he podido construir este mapa que comparto y al que pueden acceder siguiendo el link adjunto

http://www.google.com/maps/ms?vps=2&ie=UTF8&hl=en&oe=UTF8&msa=0&msid=213781443630603133873.0004c4d2df7f84b43c338 

Es un mapa vivo al que pretendo añadir más información, especialmente sobre los árboles singulares dignos de protección, las zonas arboladas en riesgo por la venta de solares para edificación, y las casas singulares prototípicas del barrio que ameritan protección por razones diversas.

Si alguien está interesado en colaborar, Google Maps ofrece la posibilidad de ir incorporando información adicional al mapa de forma colaborativa.


lunes, 2 de julio de 2012

¿Desempleados o inactivos? Divergencias en la medición del desempleo en República Dominicana



La correcta medición los indicadores del mercado de trabajo es un reto y una obligación para los gobiernos de América Latina. Las dificultades de esta tarea son mayores de lo que cabría esperar en una apreciación apresurada: un fenómeno en apariencia sencillo como la “ocupación” se enfrenta a dificultades empiricas de medición por causa de la proliferación del empleo informal, del subempleo y del empleo de mala calidad. Otra noción que parece intuitiva, la de “trabajo”, pierde consistencia cuando consideramos el distinto tratamiento que recibe el “empleo” (trabajo extradoméstico) y el trabajo que no se considera un empleo (trabajo doméstico). La misma división conceptual entre trabajar y no trabajar, estar ocupado y estar desocupado parece desdibujarse ante nuestros ojos fruto de la diversidad de situaciones intermedias que no encuentran acomodo en las categorías espontáneas de entendimiento con que describimos el mundo del trabajo. 

Pese a estas dificultades reales, es posible armonizar los criterios empíricos y conceptuales sobre la base de las pautas trazadas por los organismos internacionales, como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para realizar la medición de los principales indicadores que describen el mercado de trabajo. 

Algunos indicadores, sin embargo, deben ser inevitablemente adaptados al contexto social y económico de la realidad que pretenden medir, so pena de, manteniendo formalmente su integridad, invalidarse como instrumento útil de medición de esa realidad. Es el caso del indicador de “desempleo” o “desocupación”, en cuya formulación la OIT permite una amplia flexibilidad a los países. Esta flexibilidad conceptual es una de las causas de que la medición del desempleo haya resultado problemática y el dato oficial hay sido cuestionado. La otra causa de desconfianza hacia el dato de desempleo ha sido la poco transparente aplicación de la metodología de cálculo elegida y las dificultades para reproducir el cálculo oficial por actores externos. 

Transparentar la medición del desempleo radica, esencialmente, en fijar el criterio de distinción entre “desocupados” e “inactivos” y aplicarla con la coherencia debida. Por “desocupados” se entiende convencionalmente a aquellas personas que no trabajan pero forman parte del mercado de trabajo - o de la denominada “población activa”; por “inactivos” se entiende a aquellas personas que no trabajan y no están vinculados al mercado de trabajo – no forman parte de la población activa. Tradicionalmente se entiende que las personas incapacitadas para trabajar, las personas jubiladas, las amas de casa o los estudiantes a tiempo completo no deben considerarse desocupadas sino inactivas. Esta distinción es esencial a la hora de medir el desempleo. Pero la línea que delimita a los “desocupados pero activos” de los definitivamente no activos es muy borrosa; y ello está provocando problemas a nivel regional y en la propia República Dominicana para fijar un dato creíble de desocupación. 

La decimotercera reunión de la Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo (CIET), órgano vinculado a la OIT fijó, en el año 1982, varios criterios para la definición de la desocupación: 
- un criterio de edad 
- no disponer de un empleo (asalariado, independiente o de otro tipo) 
- disponibilidad para trabajar 
- y que efectivamente hayan buscado empleo 

Para los países en desarrollo con mercados de trabajo poco estructurados y con escasa capacidad de absorción de mano de obra, la CIET considera que los dos últimos criterios podrían ser flexibilizados y el de “búsqueda de empleo” directamente no considerado. Esta recomendación ha sido desigualmente recogida por los países de la región; Nelson Ramírez Madera ha llamado la atención sobre la diversidad de criterios para medir el desempleo que utilizan los distintos países latinoamericanos y aún las distintas encuestas dentro de un mismo país (también en el nuestro). Además es habitual que los países produzcan diferentes medidas de desempleo que reciben nombres diversos. 

En la República Dominicana el dato oficial del desempleo se obtiene a partir de la Encuesta Nacional de Fuerza de Trabajo que realiza el Banco Central. El banco calcula dos tasas: la tasa de desocupación abierta y la tasa de desocupación ampliada. La primera considera como desocupadas solo a las personas que cumplen con los cuatro criterios arriba señalados; tiene la virtud de ser comparable a nivel internacional pero el gran defecto de no reflejar la realidad que con ella se pretende medir. La tasa de desempleo para el segundo semestre de 2010 es, con este criterio, del 5%. Para el cálculo de la que denomina “desocupación ampliada” el Banco reduce las exigencias excluyendo la necesidad de que la persona haya buscado activamente empleo; aparte de la edad, basta con que esté sin trabajo y disponible para trabajar. Con este criterio flexibilizado, más adecuado a la realidad de nuestro mercado de trabajo, la tasa de desempleo sube al 14.1% en el segundo semestre del año 2010. Es notable que este indicador del desempleo no haya tenido notorias oscilaciones en la última década (entre el 14 y 19%) pese a haber sufrido el país procesos acusados de crisis y recuperación económica. Obviando las diferencias metodológicas en el cálculo, este nivel de desempleo coloca a la RD en una de las peores posiciones a nivel regional en cuanto a desempleo, especialmente por el altísimo nivel de desempleo femenino (20.8% en el 2º semestre de 2010). 

Este mal desempeño de la economía dominicana en la creación de empleo remunerado ha sido constatado por otras encuestas realizadas en el país. Pero los resultados arrojados por la ENHOGAR (realizada por la Oficina Nacional de Estadística) y la ENDESA (realizada, hasta el 2007, por CESDEM) muestran una situación considerablemente peor en términos de desempleo que la que se deduce de los datos de la ENFT. La ENFT calcula un desempleo ampliado del 15.6% en el primer semestre de 2007. Si utilizamos los mismos criterios de cálculo que el Banco Central aplica en la ENFT con los datos de la ENHOGAR(1) 2006 el desempleo ampliado aumenta hasta el 17.8% (2006), la ENIGH lo pone en el 20.2% y la ENDESA lo coloca en el 26% (2007). ¿Cómo son posibles estas diferencias? Para dar una respuesta es necesario analizar el resultado de aplicar cada uno de los criterios que definen la situación de desempleo ampliado: estar sin empleo y estar disponible para trabajar. 




Una posible explicación para la baja tasa de desempleo que presenta la ENFT podría estar en que esta encuesta detecte mejor que el resto a las personas con empleo; eso implicaría que las personas sin empleo (sean desempleadas o inactivas) serían menos numerosas. Pero en realidad sucede todo lo contrario: de las 4 encuestas aquí consideradas la ENFT arroja el porcentaje más bajo de personas que trabajan en la población en edad de hacerlo: el 47%. Otras encuestas calculan un mayor peso de los ocupados (la ENHOGAR fija el valor más alto en el 56%). Es muy probable que estas diferencias tengan su origen en formas distintas de formular las preguntas en unas y otras encuestas. Sea como fuere, necesariamente debe haber otro factor que explique porqué la tasa de desempleo resulta tan baja en la ENFT; y solo puede ser la medición de la “disponibilidad para trabajar”. 

El criterio de “disponibilidad para trabajar” arroja resultados radicalmente diferentes en las encuestas consultadas. La ENFT calcula, para el 2010, que sólo el 10.7% de las personas sin ocupación habrían aceptado un empleo en la semana anterior a la realización de la encuesta si se lo hubieran ofrecido. Dos años atrás, en el primer semestre de 2008, el valor era casi el mismo (11%). En cambio la ENIGH, para el 2007 calcula un porcentaje del 20.4%; la ENHOGAR lo eleva en el 2006 al 23.7%, y la ENDESA del 2007 lo escala hasta un 31.2% (¡casi el triple!). 




En este caso no podemos atribuir el resultado obtenido a la diferente formulación de las preguntas, que son prácticamente iguales en las tres encuestas. Con una misma pregunta, la ENFT es la encuesta que calcula un menor número de personas disponibles para trabajar (es decir, que habrían aceptado un empleo si se lo hubieran ofrecido) y por esa razón la tasa de desempleo ampliada que produce es la más baja de las encuestas consultadas. 

Un sencillo ejercicio nos permitirá visualizar mejor el efecto que tendría en el cálculo oficial de la tasa de desempleo el situarnos en dos escenarios distintos de “disponibilidad para trabajar” de la población. En números absolutos la ENFT calcula 620,326 personas desempleadas en el segundo semestre de 2010. De ellas 423,336 son desempleados que no buscaron activamente empleo y que han sido considerados como tales por declarar que habrían aceptado un empleo si se lo hubieran ofrecido. 

Si la ENDESA tuviera razón y esta cifra de los que están disponibles para trabajar fuera tres veces más alta, estaríamos hablando de un millón doscientos cincuenta mil brazos disponibles para trabajar que, sumados a los que aún mantienen la motivación para buscar un empleo activamente, situaría el número total de desempleados en el 2010 en cerca de un millón y medio. Esto, claro está, si aceptamos que la ENDESA acierta al identificar a quienes están disponibles para trabajar. Si, por el contrario, hacemos caso a la ONE y siguiendo a la ENHIG o la ENHOGAR multiplicamos por dos (y no por tres) el número de personas disponibles para trabajar, entonces el desempleo estaría algo por encima del millón de personas. El resultado sería una tasa de desempleo, en la hipótesis benigna de la ONE, en torno al 22%, y en el caso de la hipótesis extrema de la ENDESA rondando el 28%. 




Nótese que estos cálculos se han hecho manteniendo la metodología que aplica el propio Banco Central, tanto en lo relativo a la definición de desempleo ampliado, como en la aplicación de una batería de preguntas semejante en todas las encuestas. La única diferencia significativa encontrada ha sido el cálculo del número de personas disponibles para trabajar, que es radicalmente distinto en las cuatro encuestas consideradas (excepto las dos de la ONE que arrojan resultados parecidos). 

Sólo nos queda por determinar qué colectivos son los que sufren, en las encuestas, una contabilidad más dudosa de su disponibilidad para trabajar. Entre el sesenta y el setenta por ciento de las personas que aceptarían un empleo si se lo ofrecieran son estudiantes o amas de casa. Y es precisamente en esos dos colectivos en los que las encuestas difieren radicalmente a la hora de valorar su disponibilidad para trabajar. La Encuesta de Fuerza de Trabajo fija por debajo del 10% el número de mujeres sin trabajo que habrían aceptado un empleo en la semana anterior a la encuesta. La ENIGH en cambio lo eleva al 28.3%, la ENHOGAR lo impulsa hasta el 35.1% y la ENDESA lo techa en el 37.7% (cuatro veces más que la ENFT). En cuanto a los estudiantes, la ENFT deja por debajo del 3% el porcentaje de los que están disponibles para trabajar, muy lejos de los valores que arrojan el resto de encuestas: ENIGH 13.8%, ENHOGAR 15.5%, ENDESA 22.9%. Otros colectivos, como los que declaran que no buscan trabajo activamente a causa de la edad, también son menos predispuestos al empleo en la ENFT que en el resto de encuestas. 

Finalmente hay que destacar que, dado el gran peso que en la medición del desempleo tiene la clasificación como desempleadas o no de las amas de casa, la tasa de desempleo femenino se ve afectada de forma sustantiva por las diferencias de medición que presentan las distintas encuestas. La ENFT, que da el valor más bajo, lo sitúa ya en el 22%; si aceptamos la hipótesis de que la ONE acierta al duplicar el número de desempleados disponibles para trabajar, la tasa de desempleo ampliado femenino podría situarse en torno al 31%; triplicarlo, como sugiere la ENDESA, la situaría en el 39%. 

En conclusión, la tasa de desempleo presenta complejidad conceptual y dificultad de medición empírica; República Dominicana presenta un mal desempeño en desempleo en comparación con el resto de los países de la región. Pero además las fuentes de información disponibles en el país muestran grandes divergencias en algunas mediciones clave para la estimación del desempleo, siendo los datos de la ENFT, en todos los cálculos, los más benévolos con la realidad de nuestro mercado de trabajo. 

Valentín García, SD 2012

 NOTAS: 1. Como se ha dicho, las encuestas manejan criterios distintos para definir el desempleo. En este documento se ha aplicado el criterio que utiliza el Banco Central a la ENFT a las bases de datos del resto de encuestas. Por tanto el dato que aquí estamos dando puede ser divergente del que presentan los informes de dichas encuestas, obtenido a partir de la aplicación de criterios disímiles a los del banco.