Un dominicano
cualquiera tiene una posibilidad entre cuatro mil de morir este mismo año en un
accidente de tránsito[1]. Puede
parecer poco probable que le ocurra a usted, pero tenga en cuenta que en la
mayoría de loterías las posibilidades de ser agraciado con el gran premio son
de una entre muchos millones.
Los varones jóvenes
juegan más números en esta lúgubre lotería: según los datos de la Policía
Nacional la mitad de las muertes en accidentes
de tránsito las ponen los varones entre 18 y 40 años de edad, pese a que
como grupo solo suponen el 20% de la población total. En otros términos, este
año uno de cada 1,900 dominicanos jóvenes va a morir en un accidente de
tránsito.
Los accidentes
mortales tienen su propia geografía: ni el Distrito Nacional, ni Santiago, ni
la provincia de Santo Domingo presentan los mayores niveles de mortalidad relativa. Ciertamente estas tres provincias acumulan el 30% de las
defunciones; pero son las provincias de tamaño intermedio como La Vega, La
Altagracia, Monte Cristi o Barahona, las que presentan las mayores tasas de muertes por habitante. Varias
cuestiones pueden influir aquí: estas ciudades intermedias destacan por tener
una mayor densidad de motores que las ciudades grandes; algunas de ellas
presentan además una elevada dispersión de la población. La Vega es un caso
paradigmático en este sentido. La provincia tiene varios núcleos urbanos
importantes dispersos por toda su geografía y es, además, la tercera provincia
en cantidad de hogares con motor. Pues bien, en el año 2010 La Vega sufrió 167
muertes por tránsito, mientras que el Distrito Nacional, con una población 2.4
veces mayor, sufrió solo 101 muertes.
Con estos números,
seguir hablando de “accidentes” de tránsito es poco apropiado. Lo accidental
sugiere una cierta excepcionalidad del hecho. Pero excepcional es que te toque
el gran premio de la lotería. Morir en la carretera resulta en nuestro país
demasiado común. Deberíamos hablar de un “hecho habitual de tránsito” y no de
un accidente.
Un informe del BID
del año 2009 sitúa a la República Dominicana entre los países de la región con
una mortalidad más elevada, con 25.3 personas por cada 100,000 habitantes.
En el conjunto de
América Latina las muertes en accidentes de tránsito se estiman en torno a las
130,000 al año, a las que hay que añadir seis millones de personas heridas y
centenares de miles de personas discapacitadas.
En nuestro país no se
recopila de forma sistemática información sobre el número de personas heridas
en accidentes de tránsito. A día de hoy solo contamos con datos del Censo 2002
que contabilizaba en aquel año más de dieciocho mil personas discapacitadas
fruto de accidentes de motocicleta o vehículo a motor. La Oficina Nacional de
Estadística incluye en la próxima ENHOGAR 2013 un módulo sobre discapacidad que
nos permitirá actualizar la información estadística sobre discapacidad en el
país determinando, además, el origen de la misma.
Conocer los hechos
ayuda a enfrentarlos. Hace falta también liderazgo y políticas públicas
consecuentes. Pero además, hace falta que los pueblos dejen de aceptar
resignadamente la fatalidad del tributo en vidas que exige, año a año, la
carretera.
[1] Con datos del Censo 2010
y de las Estadísticas de Muertes Accidentales y Violentas de ese mismo año
elaboradas por la ONE. El valor exacto es de una posibilidad entre 4,423.