viernes, 17 de febrero de 2017

Los accidentes de tránsito tienen su propia geografía

(Este es el tercero de tres artículos divulgativos redactados para el blog de la Oficina Nacional de Estadística de República Dominicana, blog.one.gob.do)

Un dominicano cualquiera tiene una posibilidad entre cuatro mil de morir este mismo año en un accidente de tránsito[1].  Puede parecer poco probable que le ocurra a usted, pero tenga en cuenta que en la mayoría de loterías las posibilidades de ser agraciado con el gran premio son de una entre muchos millones.
Los varones jóvenes juegan más números en esta lúgubre lotería: según los datos de la Policía Nacional la mitad de las muertes en accidentes de tránsito las ponen los varones entre 18 y 40 años de edad, pese a que como grupo solo suponen el 20% de la población total. En otros términos, este año uno de cada 1,900 dominicanos jóvenes va a morir en un accidente de tránsito.
Los accidentes mortales tienen su propia geografía: ni el Distrito Nacional, ni Santiago, ni la provincia de Santo Domingo presentan los mayores niveles de mortalidad relativa. Ciertamente estas tres provincias acumulan el 30% de las defunciones; pero son las provincias de tamaño intermedio como La Vega, La Altagracia, Monte Cristi o Barahona, las que presentan las mayores tasas de muertes por habitante. Varias cuestiones pueden influir aquí: estas ciudades intermedias destacan por tener una mayor densidad de motores que las ciudades grandes; algunas de ellas presentan además una elevada dispersión de la población. La Vega es un caso paradigmático en este sentido. La provincia tiene varios núcleos urbanos importantes dispersos por toda su geografía y es, además, la tercera provincia en cantidad de hogares con motor. Pues bien, en el año 2010 La Vega sufrió 167 muertes por tránsito, mientras que el Distrito Nacional, con una población 2.4 veces mayor, sufrió solo 101 muertes.
Con estos números, seguir hablando de “accidentes” de tránsito es poco apropiado. Lo accidental sugiere una cierta excepcionalidad del hecho. Pero excepcional es que te toque el gran premio de la lotería. Morir en la carretera resulta en nuestro país demasiado común. Deberíamos hablar de un “hecho habitual de tránsito” y no de un accidente.
Un informe del BID del año 2009 sitúa a la República Dominicana entre los países de la región con una mortalidad más elevada, con 25.3 personas por cada 100,000 habitantes.
En el conjunto de América Latina las muertes en accidentes de tránsito se estiman en torno a las 130,000 al año, a las que hay que añadir seis millones de personas heridas y centenares de miles de personas discapacitadas.
En nuestro país no se recopila de forma sistemática información sobre el número de personas heridas en accidentes de tránsito. A día de hoy solo contamos con datos del Censo 2002 que contabilizaba en aquel año más de dieciocho mil personas discapacitadas fruto de accidentes de motocicleta o vehículo a motor. La Oficina Nacional de Estadística incluye en la próxima ENHOGAR 2013 un módulo sobre discapacidad que nos permitirá actualizar la información estadística sobre discapacidad en el país determinando, además, el origen de la misma.
Conocer los hechos ayuda a enfrentarlos. Hace falta también liderazgo y políticas públicas consecuentes. Pero además, hace falta que los pueblos dejen de aceptar resignadamente la fatalidad del tributo en vidas que exige, año a año, la carretera.



[1] Con datos del Censo 2010 y de las Estadísticas de Muertes Accidentales y Violentas de ese mismo año elaboradas por la ONE. El valor exacto es de una posibilidad entre 4,423.

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