El Informe sobre el Desarrollo Mundial 2009 elaborado por el Banco Mundial, sostiene como una evidencia que el crecimiento económico ha de ser necesariamente desequilibrado.
Cualquier intento de equilibrar territorialmente la actividad económica tendría efectos negativos en el desarrollo, pues contraviene las fuerzas del mercado que impulsan la concentración espacial de la actividad económica.
Para el Banco Mundial (BM) los países que presentan los mejores resultados en cuanto a crecimiento económico e igualdad territorial son aquellos que han generado mayores densidades económicas (grandes metrópolis urbanas), han movilizado a las poblaciones desde las áreas de atrasadas a las de desarrollo, y se han integrado en los mercados mundiales.
El Informe del BM establece tres atributos del desarrollo que deben ser asumidos como verdades incuestionables por las políticas públicas.
1. La desigualdad geográfica: los gobiernos no pueden promover el rápido crecimiento económico y, al mismo tiempo, difundir sus efectos positivos de manera homogénea en el territorio: “el crecimiento económico será desequilibrado. Tratar de dispersar la actividad económica en el territorio significa desalentarla”. Según el BM detrás del crecimiento desigual hay un hecho económico: las diferencias de productividad que afrontan las empresas en las diferentes localizaciones. En particular existen economías vinculadas a la aglomeración (tanto por el lado de la demanda como por el lado de la oferta) que hace más productiva promover la concentración de la actividad en las áreas con más densidad. Esto no implica el abandono de las áreas menos densas pero, para el BM, la situación de estas áreas debe abordarse con otro tipo de instrumentos destinados a la constitución de capital humano (salud, educación, acceso a servicios básicos) susceptible de ser movilizado (emigración) hacia las zonas de desarrollo.
Los efectos negativos de la concentración económica podrían paliarse si las políticas públicas orientan sus intervenciones, tanto a nivel urbano como nacional como a nivel regional (internacional), hacia la integración económica, instrumento clave para conseguir la diseminación de los beneficios del crecimiento desequilibrado. La integración implica conectar las zonas rurales con las urbanas, conectar los barrios pobres con el resto de la urbe en expansión y conectar las provincias atrasadas con las más desarrolladas dentro de una nación.
La conexión se concreta en el fomento de la emigración de personas y empresas, el desarrollo de las infraestructuras de comunicación, la permeabilidad de las fronteras a los factores productivos, la producción de suelo para la expansión urbana, la eliminación de reglamentos administrativos de control, la unificación monetaria, la especialización productiva de los territorios y la vinculación de las economías a los mercados mundiales. Un mecanismo de especial relevancia en aquellos países con menor grado de urbanización son “las políticas para reforzar los derechos de propiedad rural”. El informe las considera “un elemento fundamental para el aumento de la productividad agrícola en la Inglaterra del siglo XVI, que permitió a los trabajadores migrar a las ciudades a trabajar en las manufacturas y los servicios”. Basta con leer en el El Capital sobre las enclosures para tener una descripción de lo mucho que los campesinos ingleses disfrutaron y agradecieron el “permiso” para abandonar sus campos a los grandes propietarios agrícolas, fenómeno descrito por Marx como “proceso violento de expropiación de la masa del pueblo”. Pero ¿cómo actúa esta integración económica para transformar el desarrollo desequilibrado en desarrollo para todos? Según el BM, mediante dos mecanismos:
2. La denominada causalidad circular: Las fuerzas de mercado que provocan la aglomeración, también incitan las migraciones y fomentan la especialización de los territorios. El ejemplo que da el informe es China “en China, los pobres se han trasladado por millones desde el noreste hasta el sudeste. Todos hablan el mismo idioma y la movilidad interna no es difícil”. Y la misma receta, con algunos ajustes, podría servir para el empobrecido noreste brasileño (¡todos a Sao Paulo!!) Así se podría conseguir tanto una concentración de la producción económica (que la haría más eficiente) como una convergencia de los niveles de vida entre las diversas zonas del país.
3. Los efectos de la proximidad: el efecto de contagio permite superar el atraso de las zonas descolgadas del desarrollo. La integración económica y la especialización es una forma efectiva, y la más realista según el BM, de aprovechar los beneficios inmediatos resultantes de la concentración para conseguir los beneficios, a largo plazo, de la convergencia.
En definitiva, el Banco Mundial detecta que existe un “exceso de preocupación” de la clase política, que condena la existencia de desequilibrios económicos entre naciones, regiones y zonas, que está poniendo en peligro, según el BM, la competitividad de sus países y pone a sus economías en “riesgo de colapso”. Para el Banco Mundial las políticas que promueven un desarrollo más equilibrado son ineficaces. Y pone como ejemplo las destinadas a reducir el tamaño de las ciudades, o las destinadas a reducir rápidamente las diferencias de riqueza entre campo y ciudad, o las políticas de creación de empleo en zonas atrasadas; serían acciones contra corriente. Para el Informe sobre el desarrollo mundial 2009 el crecimiento económico tiende a ser “desequilibrado geográficamente y los esfuerzos por difundirlo prematuramente pondrán en peligro el progreso”.
En realidad el Banco Mundial no hace otra cosa que revisitar la historia o, más precisamente, la hagiografía del capitalismo mundial, para extraer las enseñanzas pertinentes. Dado que no hay otro desarrollo posible que el capitalista y su naturaleza ha sido desigual, solo podemos esperar que lo siga siendo, teniendo buen cuidado de no entorpecer su natural despliegue con políticas tendentes al reequilibrio territorial, el desarrollo local, o la protección del territorio frente a la urbanización y las mega infraestructuras. El informe renueva así la fe en el crecimiento capitalista mundial libre de cortapisas: “El crecimiento llega antes a algunos lugares que a otros. Las diferencias geográficas en los niveles de vida divergen [con el desarrollo] antes de converger (…) Estos datos sinópticos están basados en las experiencias de los países que han conseguido avanzar por el camino del desarrollo en los dos últimos siglos”.
El informe de BM ignora soberanamente las consecuencias sobre la humanidad del desastre ambiental planetario y de la crisis económica global, azuzados, precisamente, por los procesos de integración y concentración capitalista. Y eso por no hablar del sufrimiento generado por las guerras neocoloniales por el control de recursos (Irak, Afganistán, Congo). Pero ni siquiera un informe tan laudatorio del desarrollo capitalista como este, puede ignorar las evidencias de la persistencia de la desigualdad y la miseria, aunque lo haga entre líneas.
Sobre la convergencia de los niveles de vida de las diferentes zonas sometidas al desarrollo desequilibrado capitalista, el informe matiza que la convergencia se produce, eso sí, después de una primera etapa de divergencia, es decir, de incremento de las desigualdades. Y ello básicamente a nivel local, porque el propio informe reconoce que entre regiones y entre países los efectos del desarrollo capitalista inducen una convergencia “más lenta” (entre regiones) y “especialmente lenta” (entre países), amén de que “los últimos en converger son los salarios y los ingresos”. Realmente estas matizaciones del informe del Banco Mundial son importantes para confirmar que los autores del informe se refieren al mismo planeta que habitamos el resto de la humanidad. Del mismo modo el informe reconoce que la concentración urbana genera, en el plano local, enormes extensiones de barrios de tugurios, que en absoluto parecen beneficiarse de la lógica aquí expuesta: “dentro de las zonas muy urbanizadas, las diferencias en los niveles de vida básicos, como las relativas al saneamiento y las escuelas, suelen perdurar. A pesar de los mejores esfuerzos de los gobiernos por ejemplo, los barrios de tugurios forman parte del paisaje urbano de los países mucho después de que hayan alcanzado niveles de ingreso elevados. Es frecuente que un tercio de la población de las ciudades en desarrollo viva en ese tipo de barrios”.
La mística desarrollista alcanza en algunos párrafos del informe ribetes delirantes, como cuando, en su canto a las virtudes de la concentración urbana, afirma que “Las personas corren riesgo de lesiones o incluso de perder la vida en los abarrotados trenes de Mumbai porque quieren aprovechar las ventajas de la densidad económica”(¡!!) Más bien habría que decir que las personas malviven en megalópolis urbanas densas en miseria e inhumanidad y que, si algún desarrollo futuro llega a cuajar para sus descendientes, cosa de la que es muy legítimo dudar, lo será sobre el sacrificio millones de vidas arrojadas a las ruedas del Capital.
E.P. Thompson, reflexionando sobre la abyección y la miseria que para millones supuso en Europa el primer siglo de desarrollo capitalista, se preguntaba qué legitimidad pueden tener los discursos que pretenden justificar semejante drama con el argumento teleológico del bienestar logrado a posteriori. Pues bien, las instituciones del capitalismo internacional están muy lejos de hacerse preguntas semejantes, demasiado preocupadas por dar combustible humano para la maquina capitalista. Metidos de lleno en plena crisis económica global, la clamorosa la ceguera de los tecnócratas del BM nos advierte del fanatismo con el que reinventan el pasado, legitiman el presente y pretenden imponernos su desesperada huida hacia adelante en el inmediato futuro. Más madera!
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